Arribes: Everything Else is Noise / Arribes: el resto es barullo from Zev Robinson on Vimeo.
(English version here – http://www.darkhollowfilms.com/catalog/924)
Siempre he vivido en grandes ciudades, donde compraba en tiendas o supermercados la comida o cualquier otro producto. Aparte de si era ecológica o no, si llevaba demasiados aditivos, sal o azúcar, nunca le presté demasiada atención, como la mayoría de los urbanitas, ajenos a la experiencia de cómo y de dónde proviene la comida. En España, el padre de mi mujer todavía trabaja sus viñedos a pesar de una artritis producida por muchos años de duro esfuerzo en el campo, un campo ingrato donde el granizo o una helada temprana pueden hacer peligrar la cosecha a punto de recoger. Recuerdo comprar una botella de vino en Londres y pararme a pensar en lo poco sabía qué hay detrás de esa botella y lo que cuesta elaborar ese vino.
Después de instalarme a vivir en un pequeño municipio en la España rural hace siete años, mi experiencia seguía siendo prácticamente la misma: compraba mi comida en el mercado, en la tienda o en el supermercado. Mi suegro nos da verduras frescas de su huerta, le echo una mano durante la recolección de uvas, pero no me siento más involucrado en la producción de la comida. En el pueblo, la gente, sobre todo los más mayores, todavía tienen sus parcelas de huerta, algunos tienen gallinas, el pastor mata algún cordero para su consumo, pero la gran mayoría tiene que comprar su comida. Los jóvenes se han ido a la ciudad, en busca de una vida más cómoda y trabajos mejor remunerados y más respetados. Más respetados por un sentido invertido de los valores de la sociedad urbana, separada de la importancia vital que supone la comida y la agricultura sin los cuales no podríamos sobrevivir, y menos aún llevar una vida sana.
Arribes, una región aislada al noroeste de España, que cuenta con 3.000 habitantes en su principal ciudad y pueblos donde viven unos 50 o 100 vecinos en casas de piedra, con sus entradas tan bajas que tenía que agacharme para pasar, fue algo totalmente diferente a lo que yo conocía hasta entonces, incluso en otras regiones rurales de España que había visitado. En Arribes, la gente produce entre un 80 y un 90 por ciento de su propia comida. Es uno de los pocos sitios que quedan en Europa del Oeste que cuenta con un ecosistema sostenible, donde prácticamente todo se utiliza y se recicla.
He viajado a Arribes unas seis veces en cuatro años y cada vez me esperaba un nuevo descubrimiento, un material único para grabar, y cada visita me hacia cambiar algo en mi forma de entender la vida. Entrevisté a un matrimonio mayor que nunca tuvo ni coche ni tractor. Alguien mencionó un contrabandista e indagamos hasta dar con la persona idónea para mi documental, quien nos contó cómo, siendo un niño en los años 50, tenía que cruzar a nado el río Duero. Nunca hasta entonces había concedido una entrevista sobre su actividad en el contrabando. Así fue cómo una cosa enlazó con otra. El contrabandista cruzaba cabras hacia Portugal, quizás las mismas que cuidaba la pastora que nos cuenta en el documental cómo las cuidaba de niña en lugar de ir a la escuela, su único sueño que nunca vio cumplido. En los restaurantes donde fuimos, la mayor parte de la comida provenía de la región, llevando en cada plato ese esfuerzo del trabajo en el campo. Cuando la gente habla de “terroir”, sabe a sudor y a lágrimas.
La comida es el producto más importante que consumimos y es esencial en nuestra vida, y sin embargo, irónicamente, no le prestamos la suficiente atención en cuanto a su origen y su modo de producción. Gastamos más energía y tiempo en preocuparnos sobre la compra de un coche, un ordenador o ropa. El haber realizado el documental “Arribes: el resto es barullo” ha cambiado no sólo mi perspectiva sobre la comida y su producción, sino también mis valores más básicos. Todavía dedico la mayor parte de mi tiempo al cine y al arte, pero ahora he ajustado mis valores urbanos, en asumir que la comida y la agricultura son la base para cualquier tipo de existencia.
Un futuro sostenible y un planeta que nos puede alimentar pero que en la actualidad está en peligro, están entrelazados con nuestro modo de entender estos problemas.
Arribes es un perfecto ejemplo de sostenibilidad con las implicaciones que ello conlleva, y con lecciones que se pueden aplicar a cualquier otra región. Tras mi experiencia en hacer esta película, he pasado de estar en cierto modo interesado en estos tópicos a ponerlos de relieve en mi trabajo como documentalista, y en estos momentos estoy desarrollando otros proyectos con puntos de interés similares.



























































